Texto dedicado a la memoria de Enrique Alcat, experto en gestión de crisis
26
Mayo
518

Cuando uno se sienta a escribir un artículo, suele hacer un análisis coyuntural sobre la actualidad, es decir, aquello que es recurrente y prioridad en el momento para el interés de la mayoría o de al menos un gran número

 

Cuando uno se sienta a escribir un artículo, suele hacer un análisis coyuntural sobre la actualidad, es decir, aquello que es recurrente y prioridad en el momento para el interés de la mayoría o de al menos un gran número de personas. Me tomo estas líneas para escribir sobre un suceso que no es de gran importancia para muchos entre los mares de crisis: impotencia en derechos humanos, psicopatías de marketing o simplemente, cotidianidad de los servicios y la vida pronta. Y es que escribo estas líneas con una noticia en la cabeza, la muerte de un maestro, una persona muy humilde a quien tuve la fortuna de conocer.

Empezaré un breve relato para cubrir el sentido de cambiar un poco el estilo de este blog dedicado a otras cosas menos a réquiem o recuerdos profesionales:

Recuerdo haber comprado en un viaje de trabajo que hice a Colombia el libro que cambió para siempre mi forma de entender una crisis en una organización, ¿y ahora qué?, es el título que elegí en aquella ocasión. Sabía perfectamente quien era el autor del libro y sonreía para mí al saber que el autor me había dado cátedra y no sólo eso, sino que compartí con él mis puntos de vista sobre la crisis institucional a nivel político que acontecía en mi país por ahí del 2008. Sonreía también en la fotografía que nos tomamos al finalizar su curso, de las pocas imágenes grupales de las que tengo memoria de aquel Master en Comunicación Corporativa.

Leí el libro una vez y debo confesar que su lectura fue demasiado agradable para una persona tan incrédula como yo, leí el libro cuando recién empezaba a emprender uno de mis proyectos en mi país.En algún momento del 2011 tuve que mudarme y el libro fue depositado en el fondo de una caja de mudanza.Ese mismo año entre en una institución de gobierno, pienso que en algún momento escribiré sobre el lenguaje de comunicación institucional que encontré en esa organización pero será en otro, ahora les diré que en cierto momento debí tomar una decisión que afecto las relaciones públicas de aquella institución con un medio de comunicación, una revista acostumbrada a golpear y recibir dinero a cambio de su silencio. Esa decisión sacó a flote una crisis en la coordinación donde me desempeñaba, crisis que en su momento fue considerada como “grave”.

Mi puesto estaba en juego, mi reputación estaba en juego, recuerdo regresar a casa y llenarme la cabeza con soluciones: sostenerme, pedir disculpas a la revista, anexar mayor información para soportar mi decisión de no contratar ese proveedor, negarme y un largo etcétera. Cuando me dirigí hacia el sofá, vi la caja con mis viejos libros, camine hacia ella y comencé a revisar el contenido, como esperando ser encontrado apareció aquel libro, lo miré (debo reconocer que un poco decepcionado) y entre hojeada me parecía escuchar la voz del autor, sabía que la voz que escuchaba era la mía, ahí estaba yo leyendo de la mitad para adelante.

Cuando termine de releer el libro me encontré a mi mismo satisfecho con la decisión que había tomado, al día siguiente mostré estadística sustancial sobre el por qué de mi decisión, basados en audiencia, impacto, así como en números, se podría pensar que es lo primero que hubiera hecho, pero la comunicación es un proceso complejo y subjetivo que tiene diversas formas de expresar y comprender, por eso dije antes que fue una decisión que afecto las relaciones públicas, que en cuestiones políticas suelen ir en beneficio de favoritismos o camaraderías. En palabras del autor de aquel libro que releí y que enfrente mío en clase no entendí: “una crisis saca lo mejor y lo peor de una organización”. Yo debía ser mi mejor versión de mi mismo y manejar la crisis desde mi participación como gestor no como afectado, eso no lo aprendí solo, es más creo que no era consciente que lo sabía, lo recordé de algunos ejercicios que realizamos en los que teníamos que jugar diferentes roles en los que enfrentábamos situaciones de crisis.

Lo que debemos aprender de una crisis en la que nos vemos involucrados es:

  • Una crisis no lo es todo en la vida, siempre estarás en crisis, es el círculo de la vida.
  • La crisis, ni define el presente ni el futuro, sino lo que se ha venido haciendo en el pasado.
  • Tu deber será definir el camino de una organización, institución o empresa, eso sí que puedes hacerlo y sin necesidad de que tenga que ocurrir algo para generar un cambio.
  • Ten siempre un plan b. uno profesional, uno de vida y otro prospectivo, pero trata de ser siempre consciente de tus decisiones.
  • Y finalmente: nunca claudiques a tus buenos principios, no seas deshonesto ni busques soluciones deshonestas.

En este post hemos hablado sobre una crisis en una institución de publica, que partía de motivaciones personales de un directivo que buscaba favorecer a un proveedor, me he salido un poco del guión de este blog por que el verdadero motivo de este post, es agradecer a alguien en particular, que con sus enseñanzas me dio las bases para comprender esta situación, gracias Enrique Alcat.

Hasta siempre Enrique.

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